A lo largo de mi vida como madre he hecho disfraces de todo tipo a mis hijos. Nacho se disfrazaba de todo, y esto sucedía dos veces al año, en la fiesta del cole y en Carnavales. Y Beatriz sólo en la fiesta del colegio, ya que iba a las monjas y no celebraban el carnaval por ser una fiesta pagana; y lo de la fiesta del cole se podía considerar un disfraz en estado puro, sino el atrezzo de la función que representaban. Y claro, nunca tuve la ocasión de hacer disfraces de princesa, pero luego llegó Helena, mi nieta, y ella estaría todo el día vestida de Bella, Aurora, Mérida, Blancanieves... en fin... De hecho cuando nació su hermanita Claudia, hace 6 meses, le preparé un vestido de Bella por si no se tomaba muy bien la noticia, que por cierto lo tomó muy bien. Así que se puso el vestido y no hubo manera de quitárselo para ir al hospital; no sólo la primera visita, sino todas las que hizo, que fueron varias, a lo largo de la hospitalización de su mamá. Los mayores, que no sé si bien o para mal tenemos el sentido del ridículo más desarrollado, me podéis imaginar todo el día con la niña de aquí para allá disfrazada de princesa... Y para muestra aquí tenéis una foto con ella entrando en el hospital el día del feliz acontecimiento.

Ya aprovecho esta entrada para poner unas fotos de Celia, con el permiso de su mamá, la niña que ganó el vestido del sorteo. Como veis está guapísima con él.